Todavía sigo muerto,
mi cuerpo putrefacto ya está,
me desintegro día a día, y qué,
tan solo estoy muerto;
recuerdo ser más visitado en vida que muerto,
también en mi memoria se graban esas promesas vanas,
aquellas que me decían en vida,
siempre te visitare cuando mueras,
quedaras siempre en mi memoria,
simples cosas que predecían ya mi fin.
Aún sigo muerto,
mi vida se acabó hace algún tiempo,
pero en nada afectó al bien común,
solo soy un muerto mas,
una persona de pocas palabras en vida,
y más en muerte,
analizo mi nueva vida, comienzo a entender,
estoy muerto, nadie me visita,
espero hacer nuevos amigos en esta forma de vida,
amigos que realmente me echen de menos,
que me necesiten, que no prescindan de mí.
De alguna forma, alguien me vino a ver,
llegó llorando y diciendo incoherencias,
dándome de alguna forma
un poder especial para ayudarla,
características extraordinarias,
una especie de confesión
de aquellas cosas que no me dijeron en vida,
como si yo pudiera escucharlas,
me da risa el hecho de que siempre me dijeran que vivir era lo mejor,
nunca me hablaban de muerte,
era una especie de tabú,
todos los secretos e ideas me las soltaron después,
tal vez era la mejor forma de decir la verdad
y quedar sin el cargo de conciencia,
es como si guardaran lo mejor para el final,
pero la muerte no era el final,
yo no tenía conocimientos acerca de esta otra forma de vida,
solo me quedaba esperar cuáles serían las miserias que me tocarían pasar,
saber de las que me salvé al estar muerto,
vivir como un muerto.
Eso de que los muertos nada saben,
qué mejor excusa para no informarnos de lo que realmente pasa,
tal vez sería una forma de no alarmarnos,
de no mostrarnos esa vida de olvido,
en que día a día esperas ser recordado,
como un perrito hambriento que espera recibir su porción de comida,
como un muerto en su tumba.
A decir verdad,
no es mucha la diferencia entre el estar muerto y vivir,
mi vida al igual que muchas más,
era la de un muerto viviente,
era tan solo un zombi mas de aquella sociedad,
dormía, comía, trabajaba,
vivía rodeado de gente falsa,
tal vez esa falsedad era parte de la vida de ellos
y con el tiempo ya no se distinguía,
estaba condenado a este fin,
son pocas las cosas que recuerdo con afecto,
solo algunas alegrías que pasaban rápidamente,
y quedaban en el olvido o como un trofeo,
aquel trofeo que tanto me costó encontrar
y que hoy me tiene aquí,
muerto.