Estoy raro, debo admitirlo;
es difícil describir esa gran cantidad
de sentimientos y emociones que pasan por mi cabeza,
de forma tan esporádica como los amores o los odios de la gente;
esa sensación de no ser “normal” por un día o por momentos,
me entusiasma aunque me produce cierto temor a la vez,
esas ganas de no ser parte de la masa me exaltan,
aunque también, traen consigo ese miedo al rechazo
por parte de esa sociedad que devora humanos día a día.
Simplemente no hay motivos para estar feliz.
Estoy normal, ¡qué alivio!,
me siento preparado para comenzar la labor,
puedo anular por momentos, las emociones y sentimientos que poseo,
aquellas que al fin y al cabo no me llevan a nada productivo.
Soy parte de la masa, mi identidad aquí no cuenta,
es un nuevo día, son nuevas oportunidades,
para avanzar en la escala social a través de la ignorancia;
creo tener un futuro asegurado, en medio de toda la escoria;
definitivamente lo mío es aborrecer a los “raros”,
ya sea mediante miradas y expresiones;
lo mío es perdonar y olvidar como si nada.
Simplemente no hay motivos para no estar feliz.