miércoles, 21 de julio de 2010

Raro u normal, todo sigue igual

Estoy raro, debo admitirlo;

es difícil describir esa gran cantidad

de sentimientos y emociones que pasan por mi cabeza,

de forma tan esporádica como los amores o los odios de la gente;

esa sensación de no ser “normal” por un día o por momentos,

me entusiasma aunque me produce cierto temor a la vez,

esas ganas de no ser parte de la masa me exaltan,

aunque también, traen consigo ese miedo al rechazo

por parte de esa sociedad que devora humanos día a día.

Simplemente no hay motivos para estar feliz.


Estoy normal, ¡qué alivio!,

me siento preparado para comenzar la labor,

puedo anular por momentos, las emociones y sentimientos que poseo,

aquellas que al fin y al cabo no me llevan a nada productivo.

Soy parte de la masa, mi identidad aquí no cuenta,

es un nuevo día, son nuevas oportunidades,

para avanzar en la escala social a través de la ignorancia;

creo tener un futuro asegurado, en medio de toda la escoria;

definitivamente lo mío es aborrecer a los “raros”,

ya sea mediante miradas y expresiones;

lo mío es perdonar y olvidar como si nada.

Simplemente no hay motivos para no estar feliz.

Yo

El tiempo hizo efecto

cada vez que avanzo me siento menos yo,

la degradación es el motor de mi existencia,

evolución no significa bienestar asegurado;

sin embargo, prefiero unirme a la masa

no estoy solo y mantengo el paso firme.


Camino por el sendero de la vida

con el rumbo perdido y sin metas objetivas,

por lo menos tengo libertad

de tropezar con la misma piedra mil y una veces,

y hacer como si nada hubiese pasado.

La identidad personal es casi un lujo para mí,

y creo no necesitarla para seguir mi camino.


A pesar de todo aquí estoy,

viviendo sin poder vivir plenamente,

retrocediendo a medida que avanzo;

regocijándome en un mar de mentiras,

esperando mi turno para encontrar la verdad.

Amando las falencias que presento,

pues, me hacen diferente del modelo esperado por la sociedad,

me hacen más "yo" y menos "nosotros".