domingo, 25 de julio de 2010

Viaje por nuestra cultura

Son las 19:30 hrs y me apresto a regresar a casa, un tanto relajado después de terminar una reunión con unos amigos y desconocidos. Me apoyo en una señalética y espero a que pase la micro, al momento se acerca una y la miro detenidamente, me servía pero paso de largo, creo que el conductor divisó a lo lejos a un estudiante y le aplicó mayor velocidad al vehículo sin parar ante mis señas. ¡Qué tarado! -pensé al instante- .

Unos minutos más tarde se acercó otra micro y esta vez sí se detuvo y pude subir; al momento de pagar el pasaje, no me quedó otra opción que mostrar mi pase escolar, ante lo cual el conductor respondió con una cara de decepción y no hizo más que entregarme el boleto de mala gana. Divisé 2 asientos vacios a simple vista y me apresuré a sentarme, sin darme cuenta de que había otro joven con las mismas intenciones el cual ocupó el puesto que yo quería; sin vacilar mucho, me senté en el otro asiento e intenté descansar.

Como ya estaba acostumbrado, preparé los pies para volver a mi estado vertical (parado) pues, sabía que subirían más personas, y la típica mujer con bebé a la rastra y niños pequeños con los mocos colgando. Pensado y hecho, en la siguiente esquina subieron mujeres de mediana edad con caras desgastadas y deslavadas, cedí mi asiento pensando que era un gran joven al hacerlo; continué parado y encontré un puesto vacio pero había un hombre casi viejo y con cara de pocos amigos que impedía la pasada al ansiado asiento, cortésmente le pedí permiso para pasar y este accedió de mala gana. Por fin me volví a sentar, respiré aliviado y saqué mis audífonos para escuchar música; apreté el botón “play” y me relajé por completo, cerré los ojos y volví a mi mundo de ensueño.

Grande sería la sorpresa mía cuando minutos más tarde subieron unas cuantas personas en un terreno casi desierto, era un grupo considerable y la micro se llenó por completo. Miré de reojo a todos los nuevos integrantes del viaje, viendo a unas cuantas señoras con niños chicos. Qué más da, no pienso irme parado junto a este grupo de animales-pensé al instante-Que se las arreglen como puedan, yo pagué mi pasaje y tengo derecho a ir sentado. Igual no más se terminó bajando el señor que se encontraba a mi lado provocando que uno de los niños que estaban parados, se sentara a mi costado derecho y llamara a su vez a su hermano que tenía la cara pintada con la forma de un tigre mal hecho. Comenzaron tranquilos, pero al poco tiempo empezaron a conversar entre ellos diciéndose puras estupideces y blasfemando contra medio mundo, no se salvaba la madre de nadie. ¡Par de pendejos estúpidos e ignorantes!- decía para mí-Tan chicos y diciendo pelotudeces de grueso calibre, está mal la cosa parece. Luego comenzaron a gritar esas tonteras a medio mundo, y un grupito de 4 adolescentes, presumiblemente ex “pokemones” ya rehabilitados y hoy flaites de medio pelo, les empezó a apoyar todas las tonteras que decían, riéndose como imbéciles y pailones que eran.

Sin embargo, a esos pequeños niños poblacionales, no les bastó con molestarse entre ellos; sacaron cada defecto que veían de las personas a su alrededor incluyendo a su propia madre, con tal de hacer show para el público de adolescentes que los seguían con la mirada. En eso estaban cuando me sacaron al baile, diciendo que yo era el “justin bieber” y que tenía pinta de gay. Me dieron unas ganas de gritarles: ¡Par de pelotudos sin vida! Y de cachetearlos al mismo tiempo, pero pensé que se vería feo ante todo el “público” a mi alrededor. Ellos habían ganado, me hicieron parte de su juego, de su show de niños “inocentes” y “tiernos”. Los adolescentes con pinta de “flaites” seguían riéndose como siempre y sin razón alguna. En ese momento me acordé del reportaje al Transantiago que se había expuesto recientemente en el canal de televisión estatal y donde se mostraban hechos muy parecidos solo que de manera exacerbada. Y yo que por un momento pensé que era un “roto” u ordinario al no ceder mi asiento, después me di cuenta de que había gente peor que yo; todo es parte de nuestra idiosincrasia, por así decirlo, el ser “roto” y mal educado, va en el ADN de los chilenos.

Finalmente, ya cerca de las 20:10 hrs, comenzaron a bajarse uno por uno del grupo de niños junto a sus “madres llaveros”, y los adolescentes por consiguiente. Mientras los pocos que quedaban en la micro se miraban con cara de alivio ante el término de aquél show. Después de esa escenita pasaron 5 minutos antes de llegar a mi casa; el chofer tomó un atajo y se saltó una población “flaite” por la cual debía pasar. Escuchaba la canción “Nada nuevo bajo el sol”, propiedad de un grupo de la zona en que vivo, una parte de la canción me hizo recordar a una amiga, nada importante para mí en ese momento. Llegó el momento de bajar, me paré del asiento, hice detener el bus, caminé hacia mi casa, proseguí a abrir la reja y la puerta también, entré a mi casa, y por fin me senté en el sillón y descansé; todo había vuelto a la normalidad.

miércoles, 21 de julio de 2010

Raro u normal, todo sigue igual

Estoy raro, debo admitirlo;

es difícil describir esa gran cantidad

de sentimientos y emociones que pasan por mi cabeza,

de forma tan esporádica como los amores o los odios de la gente;

esa sensación de no ser “normal” por un día o por momentos,

me entusiasma aunque me produce cierto temor a la vez,

esas ganas de no ser parte de la masa me exaltan,

aunque también, traen consigo ese miedo al rechazo

por parte de esa sociedad que devora humanos día a día.

Simplemente no hay motivos para estar feliz.


Estoy normal, ¡qué alivio!,

me siento preparado para comenzar la labor,

puedo anular por momentos, las emociones y sentimientos que poseo,

aquellas que al fin y al cabo no me llevan a nada productivo.

Soy parte de la masa, mi identidad aquí no cuenta,

es un nuevo día, son nuevas oportunidades,

para avanzar en la escala social a través de la ignorancia;

creo tener un futuro asegurado, en medio de toda la escoria;

definitivamente lo mío es aborrecer a los “raros”,

ya sea mediante miradas y expresiones;

lo mío es perdonar y olvidar como si nada.

Simplemente no hay motivos para no estar feliz.

Yo

El tiempo hizo efecto

cada vez que avanzo me siento menos yo,

la degradación es el motor de mi existencia,

evolución no significa bienestar asegurado;

sin embargo, prefiero unirme a la masa

no estoy solo y mantengo el paso firme.


Camino por el sendero de la vida

con el rumbo perdido y sin metas objetivas,

por lo menos tengo libertad

de tropezar con la misma piedra mil y una veces,

y hacer como si nada hubiese pasado.

La identidad personal es casi un lujo para mí,

y creo no necesitarla para seguir mi camino.


A pesar de todo aquí estoy,

viviendo sin poder vivir plenamente,

retrocediendo a medida que avanzo;

regocijándome en un mar de mentiras,

esperando mi turno para encontrar la verdad.

Amando las falencias que presento,

pues, me hacen diferente del modelo esperado por la sociedad,

me hacen más "yo" y menos "nosotros".