miércoles, 24 de noviembre de 2010

Simplemente yo

Yo soy quien está escribiendo esta simple reflexión con aspiraciones de ensayo, a la vez soy quien puede transformar espacios en blanco, en bellos textos quizás un tanto melodramáticos y serios, o profundos como la mirada de una mujer, en síntesis, pretendo de hablar de mí, tal vez lo haga desde una perspectiva diferente a la mía, pues, a veces tengo el complejo de creer ser otra persona que no soy, o tal vez soy esa otra persona, y no soy quien realmente creo que soy, simplemente debo hacer un viaje a través de las palabras y encontrar en mi interior, ese yo exterior que todos pueden ver.

Mi nombre de pila es Miguel Ignacio Leiva Muñoz, tengo nacionalidad chilena aunque no ciudadanía todavía, aparentemente un joven tranquilo y que no mete mucha bulla, sin antecedentes penales pero si en la retina colectiva de algunos que en el pasado quedaron. Puedo resultar un tanto obstinado y cargante en mi formato exterior, en mi envase por defecto, simplemente ese es al hombre que ustedes, los lectores quieren conocer, no al joven que piensa en cambiar el mundo con una hoja de una sauce, que piensa horas y horas en como despertar de buena forma, aquél que pretende ayudar al prójimo desinteresadamente apenas la situación lo amerite, no creo que quiera mi lector, saber acerca de éste personaje que le escribe, pero lamentablemente el ensayo lo amerita y debo hablar de mí.

A este personaje que escribe el texto, le gusta ir al cine, descubrir nuevas formas del pensamiento en la sonrisa de un niño, buscar soluciones matemáticas en un libro de historia, un simple joven caprichoso es quien plasma su vida en palabras, quien busca el reconocimiento dentro de sí mismo, quien quiere aceptar sus defectos y falencias, sin saber que está vendado y ciego ante el conocimiento de tales cosas, tan simples y complejas a la vez. Yo soy quien se ahoga en un vaso de agua, y le busca la “quinta pata al gato”, quien a pesar de ver todo negro, ve una mancha aún más negra y alega por ella. Ese sería yo desde un punto de vista ilógico.

Más bien nos encontramos con un ser amante de la buena literatura, y a su vez consumidor de la chatarra que va quedando en letras. El personaje público que pueden apreciar, no es más que una cáscara, él es quien pretende impresionar con sus escritos, quien sabe sus objetivos y tiene un rumbo fijo en esta vida. Él es quien ocupa el puesto las 24 horas del día y mantiene prisionero al ser verdadero y honesto. Ahora sólo queda el Miguel exterior, el famoso “Coco”, el tipo que casi siempre da alguna opinión “importante” pero que a nadie le importa. Simplemente va quedando la cáscara, pues, el ser real y de carne y hueso se ha ido perdiendo con el tiempo, escarmentado por la sociedad de las apariencias, ha cedido su lugar al tipo que encaja con el exterior, que simpatiza con medio mundo y sigue estando sólo al mismo tiempo.

Poco a poco, se va desmoronando la fachada, la pintura color piel va quedando atrás y ya no soy solo uno, me encuentro junto a tantos más, me siento parte de la masa, y a su vez a la masa le debo quien soy, nacido y crecido en un mundo globalizado qué más se podía esperar de un niño lleno de ideas, pero carente de voz propia, cual fuera como las olas, se mueve hacia donde sople el viento, hacia donde apunten las personas; la opinión personal de a poco se va perdiendo en el yo y va quedando más en el nosotros, tal vez ni si quiera soy yo, sino que soy quien quieren que yo crea que soy, una especie de robot programado, tal vez con sentimientos suprimidos, emociones compresas en una conciencia llena de sorpresas y subconsciente aún peor. Preso de la gente qué más se puede hacer, el yo que camina por la noches, tan solo debe resignarse a hacerlo como una manera de distinguirse, no por voluntad propia, el yo verdadero es quien busca ser diferente pero a su vez un ser verdadero, una entidad propia, con voz y voto. El Miguel que todos conocen es quien se deja llevar por el grupo, el que no conocen, también, la diferencia está en la percepción de las cosas.

El yo menos falso es el que escribe estas hojas, aunque presionado por la fecha de entrega del escrito, sedimenta las ideas y las carga de ironía como si eso fuese a salvarlo de una mala nota. El yo verdadero es quien intenta salir en estos momentos, quien quieres desconectarse de esta burbuja en la que vive encerrado, y trata de emprender el vuelo hacia la verdad y el pensamiento sin escrúpulos. Es tarea de quien crea conocerme, armar un esquema de este humilde ser que intenta plasmar en letras un mundo soberbio en el que vive o cree vivir; tal vez una reflexión no le hará mal a nadie, a estas alturas de la vida, qué más da impresionarse por lo pasado y lo que no se hizo, por lo que se vivió y lo que se disfrutó realmente. Aquel yo, es quien quiere vivir en armonía, el que se equivoca una y otra vez y disfruta las caídas y las sabe apreciar como una forma de respeto ante el “aprendizaje” que estas producen.

Quien escribe esta reflexión no es más que un ser imperfecto, un tanto genuino y desordenado reprimido, tan solo basta saber eso, el mapa mental lo hace cada uno, yo me conformo con ser menos falso y más amigable, tal vez para terminar la mezcla pondría un tanto de alegría verdadera en cucharadas soperas y espesas, que produzcan un resultado de primer nivel, y si no es así, igual me conformo, pues, ya aprendí a no esperar tanto de los demás, y en este caso, no deberían esperar mucho de mí, o del otro yo tampoco, finalmente son las dos caras de la moneda que me acompañan día a día, son las que realmente hacen la diferencia.

Viaje, emociones y sentimientos.

La travesía comenzó un día 2 de noviembre por la mañana, llegaba al colegio con mi maleta llena de ropa y expectativas por vivir, de a poco comenzaban a llegar los participantes de tan comentada “gira”, la cual no había estado exenta de polémicas previas a su realización, debido a la cercanía del lugar a viajar; aún así, aparecían caras tras caras llenas de sonrisas, después de los saludos habituales y estando todos los jóvenes que iríamos al paseo, subimos al bus y partió llevando consigo cientos de historias habidas y por haber, así comenzó el viaje, aquel significativo viaje que marcó en mayor o menor manera la vida de muchos quienes lo vivimos, una travesía por la vida y las sensaciones de ésta, un largo camino a la madurez, que recién estaba comenzando.

Listos y dispuestos todos a disfrutar de lo que viniera, viajamos en bus poco más de una hora y media, al llegar allá, sentimientos encontrados me vinieron por un instante, eran los recuerdos del paseo al mismo lugar que había realizado en octavo hace ya 3 años, una cierta cuota de desilusión me inundó, pues, había esperado algo mejor para tercero; ya que, uno como joven desde chico ansía tener una gira de estudio que sea lo más ostentosa y entretenida posible, en que se visite algún lugar reconocido del cual alardear más tarde, había y hay una presión más bien psicosocial por el tema de este viaje de tercero medio, una cosa que llega a ser clasista y discriminadora, una etapa que todos debemos pasar en algún momento.

Para ser realista no iba muy animado ni con ganas al paseo, andaba desanimado y no esperaba mucho de lo que fuera a pasar, sin embargo al llegar al lugar la cosa fue cambiando en cierta manera, pero se mantenía el desánimo, no era yo realmente el que estaba allí, intentaba aparentar con caras y gestos, lo que mi interior no lograba sentir a pesar de las tantas entretenciones, seguía preocupado por mi abuelo que el día anterior había sido internado por una trombosis; era inevitable no preocuparme, sin embargo, aquello me sirvió para tener una mirada más fría a la hora de tomar decisiones dentro de la gira y a la hora de analizar lo que ocurrió, los conflictos que hubieron y que de alguna manera me afectaron.

Una de las primeras cosas que pude percibir a lo largo del viaje, es que son en estas instancias en que todos mostramos la hilacha, nos dan un poco de confianza y al tiro sale la persona real, sin el disfraz de mentiras de siempre, todo tienes mayor sentido y puedes ver a la gente que te rodea, y como esta influye en tu vida; por lo menos así lo entendí. Era muy real esa expresión tan usada durante esos días, la “famosa”: ¡andai puro llamando la atención! (sic). Y es muy real para todos, dado que, en algún momento más de alguno trató de llamar la atención de los demás por medio de alguna estupidez que comúnmente no haría en su vida diaria; ¡hasta yo caí en ese juego de mentiras y cinismo!, y eso ya era degradante, creía tener una identidad lo suficientemente definida, sabía quién era, hasta que llegó el viaje, entendí que el problema no era solo de los demás, yo también era parte del problema; había un panorama confuso en mi cabeza, trataba de identificarme con algo por momentos, intentaba ser yo sin remordimientos. En aquellas instancias pude ver como eran mis compañeros realmente, no lo digo desde un punto de vista trágico, pues, descubrí cosas buenas en la mayoría de ellos, solo vi que son seres humanos, imperfectos al igual que yo. Derribé ciertas barreras discriminativas y saqué a flote muchas cosas buenas de las personas con las que convivo día a día, y a la vez pude sumergirme en mi interior, para redescubrir mis cualidades y las cosas que me caracterizan, y a su vez, a medida que iba viajando hacia mi interior, iba dejando a un lado defectos, como una forma de mejorar aquellas cosas a futuro.

Fue un viaje por el misticismo que representa el conocerse a fondo uno mismo, una travesía por las emociones de la vida en un momento, la belleza de los detalles de la personalidad, esas cosas que tienes que nunca has percibido; más que un viaje “físico” por el país, fue un viaje al interior del ser humano, 4 días de intensas reflexiones y emociones conjugadas, una oportunidad de experimentar sensaciones nuevas, sólo y acompañado.

Sin embargo, pude ver que muchos seguían sus propios caminos, no existió tal unión que yo esperaba ver, me sentí desilusionado en un principio, pero después lo acepté, todos son diferentes y tiene sus propias metas y objetivos; no porque estemos todos en un curso tenemos que querernos y apreciarnos, apenas se puede pedir una cuota de respeto entre los miembros del curso, y aún así hay algunos que pretenden cínicamente querer a todos por igual, como si no hubiera diferencia en el trato que tienen con los demás. Es verdad, he caído en ese círculo vicioso más de una vez, pero ahora más que nunca siento que soy diferente, y que a su vez todos somos diferentes, y que el respeto con el prójimo es fundamental, la tolerancia, y aunque me pueda echar a un curso encima por esta forma de pensar, me siento bien conmigo mismo, ya que soy sincero. Me duele ver que cada uno es tan independiente del otro, que la libertad expresada en su totalidad llama a todos a ser individuos que solo buscan su bienestar personal, y que a pesar de los años juntos, no se puedan superar las diferencias entre las personas, que haya rencor a lo largo del tiempo. Pero todo cae por su propio peso, muchos no podemos soportar ser tan individuales, lo admito, a veces me desespera; no faltan los que quieren llamar la atención para sentirse mejores personas, es lamentable la situación, pero hasta quien escribe ha caído en el jueguito de la discordia; pero no hay vuelta atrás, lo nombrado ya es circulo vicioso y de aquí a un tiempo no será más que un mal habito sin importancia. A pesar de ser diferentes e individualistas seguiremos necesitando de los demás para sentirnos personas, ya es algo inevitable, todos necesitamos sociabilizar, de alguna forma buscamos ser parte de la masa para esconder la vergüenza del ser individuo.

Para terminar con esta reseña del viaje, cabe destacar que la vida sigue, ya queda menos para terminar el año escolar, dentro de mí hay esperanzas de un próximo año mejor, de que las cosas cambiarán, que las diferencias nos harán más tolerantes y unidos, mas fuertes como grupo, yo ya me siento parte de aquel curso al que llegué este año reciente, y como miembro siento la necesidad de decir las cosas por su nombre, ya que a partir de esto se puede generar un cambio, un logro en nuestras relaciones interpersonales, un desarrollo a nivel emocional; pues, todos tenemos la oportunidad de mejorar, y de seguir emprendiendo viajes, de seguir avanzando en esta vida.

Después de todo, y aunque parezca insignificante, algo bueno y práctico conseguí con el paseo: logré un bronceado un poco más parejo, que sirve a su vez para tapar mis imperfecciones en color blanco, y ¡recién en noviembre! Es irónico, que lo último que pretendía hacer, fue lo que resultó a la perfección.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Redescubriendo la belleza de la vida

Al comenzar a hablar de la belleza, en mi mente se reproducen por un instante diversas imágenes de la película “Belleza americana”, aquella película que me hizo cambiar en cierta forma la forma de ver y/o entender la belleza y sus variantes; digo que me hizo cambiar la concepción que tenía, pues, a partir de algunas conclusiones que se sacaban llegando al final de la historia, comencé a investigar sobre aquel tema tan complejo en sí, y sin embargo, tan liviano para algunos. De este concepto pretendo hablar a continuación, así como también de la experiencia de escuchar una canción relacionada con ello.
Lo primero que busqué aquella vez después de ver la película antes mencionada, fue la definición que otorgaba la RAE a la palabra belleza, y decía lo siguiente: “Propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual. Esta propiedad existe en la naturaleza y en las obras literarias y artísticas”. Sin embargo, no quedé satisfecho con esa definición, e incluso la consideré poco objetiva y/o cierta; por lo cual decidí seguir en mi búsqueda, y encontré una explicación de Wikipedia, de la cual me gustaría destacar lo siguiente: Vulgarmente la belleza se define como la característica de una cosa que a través de una experiencia sensorial (percepción) procura una sensación de placer o un sentimiento de satisfacción. Esta explicación hace alusión a la belleza como una característica que posee algo determinado, lo cual tiene mi aprobación hasta cierto punto, ya que se da entender a la belleza como algo por así decirlo más tangible, que se puede sentir, o ver, cuando desde mi perspectiva, a veces hay belleza en la nada, en aquello que no se puede percibir hay belleza, por ejemplo, aquellos sonidos con alta frecuencia, que el ser humano no puede captar a diferencia de muchos animales que las logran recibir y a su vez decodificar.
Entonces, esto de la belleza pasa por una concepción más práctica de lo que puede considerarse bello, lo cual pudo corroborar cuando le pregunté a buena parte de mi familia, acerca de la belleza, cual era la propia definición de lo que ellos consideraban por “belleza”, ante lo cual surgieron diversas y variadas opiniones, mientras que mi hermana y mi prima decían que la belleza era aquello que se apreciaba como bonito, ya fuera física o psicológicamente y se miraban con una mirada de aprobación y esbozando una sonrisa seguramente recordando a algún joven que ellas consideraban bonito, o por defecto de su pensamiento, “bello”;también mi madre se sumaba a la pregunta y me respondía diciendo que la belleza era el conjunto de características como los valores y/o principios, las actitudes, los sentimientos que poseía una determinada persona, siendo esta respuesta netamente subjetiva, al igual que las anteriores. Pero al hacer un análisis a las respuestas que se dieron, entendí que realmente se tiene una concepción de la belleza en base a una “imagen” de una persona o cosa, que sirve de modelo para entender las demás cosas como bellas o no. Desde el punto de vista de unas adolescentes, alguien bello era quien tenía “buenos sentimientos” y era atractivo físicamente, ni hablar de las cosas, sólo las personas tenían esa propiedad. Y según mi madre, esa belleza tenía rangos más amplios, siendo una serie de características que hacían algo bello o no.
Todo aquello me dio sobre qué pensar, estuve bastante tiempo reflexionando sobre la belleza, sobre qué se suponía que era realmente, y qué era lo que había entendido por tanto tiempo acerca de ella. Sin embargo la película que mencioné anteriormente, me dejó un concepto que había quedado revoloteando por mi cerebro, y era “la belleza de lo simple”, aquello que puede considerarse cotidiano o tal vez sin sentido, y que pasa desapercibido por la mayoría de nosotros, tal vez por el solo hecho de estar en la constante carrera contra el tiempo, la vida contra el reloj, lo cual nos hace descuidar esos detalles que parecen pequeños pero que son realmente importantes, que tiene una verdadera belleza. Desde mi perspectiva, es necesario hacer un “cambio de chip”, debemos y necesitamos redescubrir la belleza, aquello que nos rodea, que no resulta tan cotidiano, a veces es necesario cuestionar todo esto, ver qué es realmente importante, que es lo hermoso de esta vida, por así decirlo, hay que sacar la belleza del fango de la frialdad y encontrar el verdadero sentido de ésta. Y para esto, cito específicamente una frase del protagonista del filme mencionado, que dice: "Es genial comprobar que todavía tienes la capacidad de sorprenderte a ti mismo”. Éste extracto del guión de la película nos puede mostrar, cómo se puede reencontrar la hermosura de poder vivir, de poder ser alguien diferente, autónomo, con voz y opinión propia, lo cual es algo que muy pocas personas valoran y/o aprecian de verdad, aunque simplemente, la belleza se encuentra ahí, en lo cotidiano, en lo pequeño, en la alegría de poder vivir, de poder sentir, de poder descubrir nuevas cosas en uno mismo, poder llegar hasta las entrañas del ser humano y reencontrarse con la hermosura que presenta la fragilidad de un mortal cualquiera.
Después de haber realizado ese ejercicio de reflexión, un día cualquiera, en una clase de lenguaje y sociedad “cualquiera”, el profesor nos hizo escuchar una canción que llevaba por título: La belleza; y que hablaba acerca de eso mismo. Ejercicio no tal difícil a primera vista, más aun cuando nos entregaron unas hojas con la letra escrita de la canción lo cual facilitó la comprensión del mensaje que representaba la canción. Finalmente no fue mucha la sorpresa, la canción trataba temas relacionados con la belleza y haciendo alusión a hechos históricos que podrían haber marcado la vida de cualquier mortal común y corriente que tuviera una cierta noción de historia universal.
Sin embargo, la canción antes mencionada, sirve como base para reflexionar en diversos puntos, por ejemplo, en la estrofa en que se dice: “Aunque se hunda en el asfalto la belleza...”. Justo después de describir aquella batalla campal que representa hoy en día la competitividad laboral y económica, la cual ha provocado la degeneración de la belleza, de lo que se tiene como concepto de ella, pues, ya la mayor parte de lo que se considera bello, es algo específico, tangible, que se puede consumir y encontrar sin mucho esfuerzo; ahí es cuando aparece aquella frase, la cual me recuerda una canción de Ismael Serrano, la cual lleva por nombre “Papá cuéntame otra vez”, la cual en una determinada parte dice: “al final de la partida no pudisteis hacer nada, y bajo los adoquines no había arena de playa”. Lo cual se conecta en buena forma con el sentido de la pérdida de esa “belleza”, esos sueños y motivaciones, ya que, así como se hunde en el asfalto la belleza, en aquellos adoquines se hunden las esperanzas los sueños de vida, aquella belleza que siempre nos ha acompañado, se ha ido perdiendo a través del tiempo; poco a poco nos hemos ido convirtiendo en los asesinos de nuestra raza, no solo por lo físico y medio ambiental, sino que también en el ámbito más psicológico y personal, debido a que ya no se tiene una concepción real de la verdadera belleza, aquella idea se perdió con el tiempo y hoy no quedan más que esbozos, que sólo algunos “valientes” se atreven a desenterrarla de entre los escombros, de vidas arruinadas por el vil dinero y la economía en sí.
Para finalizar, puedo decir, que el solo hecho de escribir acerca de la belleza, me llevó a ordenar mas las ideas y pensamientos que tenía acerca de aquel concepto tan importante, y que muchas veces es tomado en menos como si fuera algo común y corriente. También logré entender de mejor manera, cual es la relación entre la belleza que uno capta, y la que capta una persona alrededor, pues, hay diferentes tipos de percepción, inclusive podría decirse que hasta nuestros sentidos nos engañan, y solo hay que aplicar uno de los pasos de las duda metódica que planteaba descartes, que es desconfiar netamente de lo que nos dicen nuestros sentidos, ya que, muchas veces al mantenerlos a acostumbrados a cierto nivel de información, y en este caso específico, de concepción sobre la belleza, nos pueden confundir, a la hora de descubrir aquellas cosas bellas y también hermosas que nos rodean, aquellos detalles que hacen nuestra vida más amena y soportable, que le dan esa dosis de belleza que nuestro organismo, esa dosis que nuestro ser necesita para vivir.

domingo, 15 de agosto de 2010

"Si me preguntan qué es mi poesía debo decirles no sé; pero si le preguntan a mi poesía, ella les dirá quién soy yo."

Pablo Neruda

sábado, 14 de agosto de 2010

Después de todo, ya sé qué hacer conmigo

Cuando comenzó la clase de lenguaje y sociedad, y el profesor mencionó que escucharíamos una canción, yo por un momento pensé: ¡qué tontera nos hará escuchar el profe! . Más encima, después nos dijo que dicha canción era de un grupo llamado “cuarteto de nos”, y yo casi al instante creí que sería una canción de un conjunto de viejos y con esa típica diferencia vocal que generan a partir de sus diferentes registros. Bueno, esos prejuicios tan efímeros, desaparecieron al poco tiempo de comenzada la reproducción de la canción, que según nos comentaba el profesor, se llamaba “Ya no sé qué hacer conmigo”; debido a que tenía un ritmo más pegajoso y entretenido al oído, lo cual me agradó casi de inmediato, y por así decirlo, le dio unos puntos extras a la primera presentación de la canción. Ya terminando la canción me di cuenta de 2 cosas: soy muy prejuicioso, y me sentía bastante identificado con la letra que poseía. De aquella canción hablaré principalmente en el texto a continuación, destacando algunos detalles de mi vida, a modo de reflexión para con ustedes y a la vez, conmigo mismo.

Justamente aquél día jueves, yo debía preparar mis cosas para ir a la iglesia el sábado en la mañana, entre estas obligaciones se encontraban el estudiar las escuela sabática para después explicarla a los alumnos de mi clase, distribuir el misionero, etc. Y justamente en la partida de la canción dice: “Ya tuve que ir obligado a misa”, lo que me hizo pensar en el hecho de que a pesar de todos los cargos y cosas por hacer en la iglesia, me sentía en cierta forma obligado a ir para cumplir con mi deber simplemente, no era una cosa de “sentir la necesidad” de ir, por así decirlo me sentía como un robot programado simplemente; debido a esto comencé a dudar de mis actitudes en la actualidad, por así decirlo, con esa frase me llegó el “palo” y no atiné a mas que pensar en lo ocurrido y en el porvenir de mi persona.

Continuando con la canción, después de aquél proceso mental que duro fracciones de segundos y que fue más bien una reacción al estímulo auditivo que se me presentaba, aparecía en el mismo verso la frase: “ya aprendí a falsear mi sonrisa, ya caminé por la cornisa”. Específicamente pensé en las sonrisas que había entregado a medio mundo hace minutos atrás, al llegar al colegio, a la sala y a la vez saludar a mis compañeros y amigos, llevaba hace un buen rato mi sonrisa de la felicidad, mi cobertor ante la sociedad del día a día, por así decirlo, era una “máscara facial”, esa sonrisa pegada a la cara y que marcaba mis dientes de arriba y permitían a su vez, recibir una gran cantidad de sonrisas del vueltas; porque como dicen por ahí, “la sonrisa se contagia” y fue algo muy parecido lo que ocurrió, pero quedé con la duda de si esa sonrisa que se “contagia” será verdadera o no; o si sólo sirve como un “activador” de las mascaras faciales de aquellos que nos rodean.

Luego, apareció en la canción la frase: “fui concreto y me fui por las ramas”, y yo a estas alturas de la vida empecé a sudar la gota gorda por así graficarlo, había encontrado una canción que calzaba perfectamente con lo que me ocurría en el diario vivir, y específicamente ese verso, me hacía pensar en la comunicación, aquella que se da en el día a día, ya sea formal o informal, ya que, en mi caso cuando quiero explicar algo a cabalidad, muchas veces me voy “por las ramas” y no logro explicar completamente mi punto de vista u opinión respecto al tema discutir, provocando tal vez cierta confusión en el receptor y un desorden del mensaje en sí. A diferencia de cuando debo hablar de cosas pequeñas, un tanto más simples y fáciles de recordar, o inclusive más precisas que las anteriores mencionadas; pues, generalmente voy al lado concreto del tema y/u opinión, llegando a tener esa conexión que da la solidez del mensaje. Pero el problema surge cuando requiero entremezclar estas dos formas de expresarme, lo cual se da a diario y en la vida cotidiana, debido a que muchas veces se necesita de precisión para explicar un tema complejo; tan solo una palabra mal puesta puede hacer que la frase o texto pierda el sentido en sí, más bien cabe destacar, que esos detalles, esas diferencias han ido formando mi carácter hasta el día de hoy, poco a poco y a medida que avanza el tiempo; por lo cual es de esperar que si requiero de un cambio en este sentido, el proceso sea tal vez más largo y complejo aún, por así decirlo, ya estoy “jodido”.

Sin embargo las reflexiones no se quedaron simplemente en eso, también comencé a pensar en el verdadero sentido de mi vida, más bien el hecho de apoyar o no ciertas cosas que son polémicas, muchos conflictos que se dan en el día a día, no solo en mi vida, sino que en el común de las personas, y justo en esos momentos, mientras escuchaba la canción, apareció una frase clave con respecto a lo que decisiones se trata en mi vida y en la forma de pensar yo ver las cosas: “ya estuve en contra y estuve a favor”. ¡Ayayay! - pensaba en mi interior – ¿Por qué será que esta canción va tan al hueso en cuanto a problemas se refiere? - interrogándome a la vez en, medio del ejercicio del pensar-. Y es que si se trata de personas que cambian constantemente de posición, acá tienen una buena muestra, con el paso de los años ha ido aumentando mi nivel de bipolaridad, es tal vez uno de los problemas que menos demuestro tener, por así decirlo, pasa inadvertida esa falencia psicológica que me lleva a cambiar de opinión una y otra vez, a tener diversos estados anímicos casi al mismo tiempo, y con tanta diferencia entre ellos. Es que cuando comienzo con aquel “problemita” trato de disimularlo lo más posible, tal vez sea que no me gusta diferenciarme tanto del resto, es esa necesidad de ser “normal” y mantenerse dentro de ciertos rasgos psicológicos, para no ser tan “anormal” dentro de esta sociedad plagada de locos sin tratamiento y tal vez sin cura. Con una risita disimulada comencé a recordar buena parte de los cambios de opinión que había tenido últimamente, como por ejemplo, el hecho de estar a favor de la unión civil homosexual, tema que nunca me había planteado en profundidad y que era por así decirlo, un tabú y/o tema cerrado y con una sola respuesta en mi familia: Hay que prohibir eso. Pero tarde o temprano el hombre despierta de su ceguera, puede abrir los ojos, tal vez eso ocurrió conmigo, no sé bien si todavía sigo cegado por inmensa cantidad de verdades que alguna vez fueron vetadas hacia mi persona y que hoy, gracias al recambio generacional, podía descubrir y entender sin tapujos ni contradicciones; aunque más que mal, soy un joven, un adolescente , tal vez cambie de opinión respecto a eso mañana, o pasado, tal vez en un minuto más, quién sabe, llego incluso a desconfiar de mi mismo, quizás algo anda mal en mi vida.

Más tarde, y luego de generar en cierta forma un atisbo de reflexión con intención de cambio o modificación de mi persona, viene el coro de la canción, el cual dice así: “y oigo una voz que dice sin razón, vos siempre cambiando ya no cambias más y yo estoy cada vez más igual, ya no sé qué hacer conmigo”. Sinceramente este versó me dejó “para adentro”, pero al llegar nuevamente al coro se repetía lo mismo, a excepción de que se cambiaba una palabra, ya que en el primero dice “sin razón”, mientras que en el segundo decía “con razón”, lo cual me dio más para pensar todavía, en el sentido de que hasta en la misma canción el personaje va cambiando, siendo una perfecta demostración de que no soy tan “diferente” a los demás. Esto de ser diferente, debo admitir, que me preocupó ser bastante desde pequeño, casi siempre le tuve miedo a la soledad, pero convivía con ella a cada instante, gracias al encuentro cara a cara, a la batalla, con ese vacío interminable que lleva al ser humano a un estado de trance profundo, y que en mi caso, me hizo ensanchar mis fronteras del pensar, y me dio más capacidad para soportar la complejidad del ser humano, la complejidad que yo mismo presentaba y que se hacía mayor cada día, en palabras simples, logré dominarme y saber cómo reaccionar ante el peligro de las circunstancias. Por algunos momentos fueron abiertos los abismos de mi ser y salieron a relucir los fantasmas del pasado que ya no me atormentan pero que siguen presentes para atacar al menor descuido.

Finalmente, terminé de escuchar la canción, continuamos la clase con normalidad, y al regresar a mi casa lo primero que hice fue escuchar la canción de nuevo, por alguna extraña causa, mi inconsciente me pedía realizar ese ejercicio de nuevo; pero no solamente eso, también escuché mas canciones de aquel memorable grupo de música, específicamente de su disco titulado “Raro” el cual era más bien homogéneo en lo musical, y tenía ciertos atisbos de hip hop mas melódico, La mayoría de sus canciones trataban acerca de la complejidad del ser humano, se basaban en cosas pequeñas que tal vez pasan inadvertidas para cualquier mortal que las escuchara, pero para mí no, de ahí en adelante me sentí un tanto más acompañado en mis problemas, fue increíble como una canción podía reflejar tanto de mí. También pensé en el hecho de qué quiero hacer conmigo, qué quiero hacer con mi vida, y la típica pregunta reflexiva… ¿estoy bien con lo que hago? Ante lo cual casi automáticamente respondí que sí. ¿Por qué? Porque siento que me encuentro en la etapa del desarrollo, todo esto lo tendré que pasar de una u otra forma, el hecho de ser un adolescente, con espinillas o no, enredos amorosos y de amistades, etc. Siento que debo aprovechar cada momento, eso es lo que quiero hacer de mi vida, yo sé que puedo hacer eso conmigo, si mi meta es descubrir cada detalle de la belleza creo que la lograré, por lo menos sé “pa’ donde va la micro” y qué es lo que quiero en mi vida, y que a pesar de los cambios, las falencias y equivocaciones que ocurran en el camino, lo esencial de mi persona seguirá intacto, todo depende de mí plenamente; pues, yo en lo personal quiero ir por la vida descubriendo la verdadera belleza escondida, aquella que se encuentra en lo insignificante, tal vez observar mas allá que ningún otro, aprovechar mis capacidades al máximo, y si se puede ser un buen aporte para la sociedad si es que no es pedir mucho de un solo ser humano. Simplemente tengo convicciones claras, una meta, un sueño, algo por lo cual vivir, una excusa para seguir el rumbo de aquello que no se pudo elegir, el nacer y vivir. Después de todo, la respuesta se encontraba en mí ser, creo que ya sé qué hacer conmigo hoy, lo que ocurra el día de mañana es incierto, pero lo espero con confianza.

domingo, 25 de julio de 2010

Viaje por nuestra cultura

Son las 19:30 hrs y me apresto a regresar a casa, un tanto relajado después de terminar una reunión con unos amigos y desconocidos. Me apoyo en una señalética y espero a que pase la micro, al momento se acerca una y la miro detenidamente, me servía pero paso de largo, creo que el conductor divisó a lo lejos a un estudiante y le aplicó mayor velocidad al vehículo sin parar ante mis señas. ¡Qué tarado! -pensé al instante- .

Unos minutos más tarde se acercó otra micro y esta vez sí se detuvo y pude subir; al momento de pagar el pasaje, no me quedó otra opción que mostrar mi pase escolar, ante lo cual el conductor respondió con una cara de decepción y no hizo más que entregarme el boleto de mala gana. Divisé 2 asientos vacios a simple vista y me apresuré a sentarme, sin darme cuenta de que había otro joven con las mismas intenciones el cual ocupó el puesto que yo quería; sin vacilar mucho, me senté en el otro asiento e intenté descansar.

Como ya estaba acostumbrado, preparé los pies para volver a mi estado vertical (parado) pues, sabía que subirían más personas, y la típica mujer con bebé a la rastra y niños pequeños con los mocos colgando. Pensado y hecho, en la siguiente esquina subieron mujeres de mediana edad con caras desgastadas y deslavadas, cedí mi asiento pensando que era un gran joven al hacerlo; continué parado y encontré un puesto vacio pero había un hombre casi viejo y con cara de pocos amigos que impedía la pasada al ansiado asiento, cortésmente le pedí permiso para pasar y este accedió de mala gana. Por fin me volví a sentar, respiré aliviado y saqué mis audífonos para escuchar música; apreté el botón “play” y me relajé por completo, cerré los ojos y volví a mi mundo de ensueño.

Grande sería la sorpresa mía cuando minutos más tarde subieron unas cuantas personas en un terreno casi desierto, era un grupo considerable y la micro se llenó por completo. Miré de reojo a todos los nuevos integrantes del viaje, viendo a unas cuantas señoras con niños chicos. Qué más da, no pienso irme parado junto a este grupo de animales-pensé al instante-Que se las arreglen como puedan, yo pagué mi pasaje y tengo derecho a ir sentado. Igual no más se terminó bajando el señor que se encontraba a mi lado provocando que uno de los niños que estaban parados, se sentara a mi costado derecho y llamara a su vez a su hermano que tenía la cara pintada con la forma de un tigre mal hecho. Comenzaron tranquilos, pero al poco tiempo empezaron a conversar entre ellos diciéndose puras estupideces y blasfemando contra medio mundo, no se salvaba la madre de nadie. ¡Par de pendejos estúpidos e ignorantes!- decía para mí-Tan chicos y diciendo pelotudeces de grueso calibre, está mal la cosa parece. Luego comenzaron a gritar esas tonteras a medio mundo, y un grupito de 4 adolescentes, presumiblemente ex “pokemones” ya rehabilitados y hoy flaites de medio pelo, les empezó a apoyar todas las tonteras que decían, riéndose como imbéciles y pailones que eran.

Sin embargo, a esos pequeños niños poblacionales, no les bastó con molestarse entre ellos; sacaron cada defecto que veían de las personas a su alrededor incluyendo a su propia madre, con tal de hacer show para el público de adolescentes que los seguían con la mirada. En eso estaban cuando me sacaron al baile, diciendo que yo era el “justin bieber” y que tenía pinta de gay. Me dieron unas ganas de gritarles: ¡Par de pelotudos sin vida! Y de cachetearlos al mismo tiempo, pero pensé que se vería feo ante todo el “público” a mi alrededor. Ellos habían ganado, me hicieron parte de su juego, de su show de niños “inocentes” y “tiernos”. Los adolescentes con pinta de “flaites” seguían riéndose como siempre y sin razón alguna. En ese momento me acordé del reportaje al Transantiago que se había expuesto recientemente en el canal de televisión estatal y donde se mostraban hechos muy parecidos solo que de manera exacerbada. Y yo que por un momento pensé que era un “roto” u ordinario al no ceder mi asiento, después me di cuenta de que había gente peor que yo; todo es parte de nuestra idiosincrasia, por así decirlo, el ser “roto” y mal educado, va en el ADN de los chilenos.

Finalmente, ya cerca de las 20:10 hrs, comenzaron a bajarse uno por uno del grupo de niños junto a sus “madres llaveros”, y los adolescentes por consiguiente. Mientras los pocos que quedaban en la micro se miraban con cara de alivio ante el término de aquél show. Después de esa escenita pasaron 5 minutos antes de llegar a mi casa; el chofer tomó un atajo y se saltó una población “flaite” por la cual debía pasar. Escuchaba la canción “Nada nuevo bajo el sol”, propiedad de un grupo de la zona en que vivo, una parte de la canción me hizo recordar a una amiga, nada importante para mí en ese momento. Llegó el momento de bajar, me paré del asiento, hice detener el bus, caminé hacia mi casa, proseguí a abrir la reja y la puerta también, entré a mi casa, y por fin me senté en el sillón y descansé; todo había vuelto a la normalidad.

miércoles, 21 de julio de 2010

Raro u normal, todo sigue igual

Estoy raro, debo admitirlo;

es difícil describir esa gran cantidad

de sentimientos y emociones que pasan por mi cabeza,

de forma tan esporádica como los amores o los odios de la gente;

esa sensación de no ser “normal” por un día o por momentos,

me entusiasma aunque me produce cierto temor a la vez,

esas ganas de no ser parte de la masa me exaltan,

aunque también, traen consigo ese miedo al rechazo

por parte de esa sociedad que devora humanos día a día.

Simplemente no hay motivos para estar feliz.


Estoy normal, ¡qué alivio!,

me siento preparado para comenzar la labor,

puedo anular por momentos, las emociones y sentimientos que poseo,

aquellas que al fin y al cabo no me llevan a nada productivo.

Soy parte de la masa, mi identidad aquí no cuenta,

es un nuevo día, son nuevas oportunidades,

para avanzar en la escala social a través de la ignorancia;

creo tener un futuro asegurado, en medio de toda la escoria;

definitivamente lo mío es aborrecer a los “raros”,

ya sea mediante miradas y expresiones;

lo mío es perdonar y olvidar como si nada.

Simplemente no hay motivos para no estar feliz.

Yo

El tiempo hizo efecto

cada vez que avanzo me siento menos yo,

la degradación es el motor de mi existencia,

evolución no significa bienestar asegurado;

sin embargo, prefiero unirme a la masa

no estoy solo y mantengo el paso firme.


Camino por el sendero de la vida

con el rumbo perdido y sin metas objetivas,

por lo menos tengo libertad

de tropezar con la misma piedra mil y una veces,

y hacer como si nada hubiese pasado.

La identidad personal es casi un lujo para mí,

y creo no necesitarla para seguir mi camino.


A pesar de todo aquí estoy,

viviendo sin poder vivir plenamente,

retrocediendo a medida que avanzo;

regocijándome en un mar de mentiras,

esperando mi turno para encontrar la verdad.

Amando las falencias que presento,

pues, me hacen diferente del modelo esperado por la sociedad,

me hacen más "yo" y menos "nosotros".