miércoles, 24 de noviembre de 2010

Simplemente yo

Yo soy quien está escribiendo esta simple reflexión con aspiraciones de ensayo, a la vez soy quien puede transformar espacios en blanco, en bellos textos quizás un tanto melodramáticos y serios, o profundos como la mirada de una mujer, en síntesis, pretendo de hablar de mí, tal vez lo haga desde una perspectiva diferente a la mía, pues, a veces tengo el complejo de creer ser otra persona que no soy, o tal vez soy esa otra persona, y no soy quien realmente creo que soy, simplemente debo hacer un viaje a través de las palabras y encontrar en mi interior, ese yo exterior que todos pueden ver.

Mi nombre de pila es Miguel Ignacio Leiva Muñoz, tengo nacionalidad chilena aunque no ciudadanía todavía, aparentemente un joven tranquilo y que no mete mucha bulla, sin antecedentes penales pero si en la retina colectiva de algunos que en el pasado quedaron. Puedo resultar un tanto obstinado y cargante en mi formato exterior, en mi envase por defecto, simplemente ese es al hombre que ustedes, los lectores quieren conocer, no al joven que piensa en cambiar el mundo con una hoja de una sauce, que piensa horas y horas en como despertar de buena forma, aquél que pretende ayudar al prójimo desinteresadamente apenas la situación lo amerite, no creo que quiera mi lector, saber acerca de éste personaje que le escribe, pero lamentablemente el ensayo lo amerita y debo hablar de mí.

A este personaje que escribe el texto, le gusta ir al cine, descubrir nuevas formas del pensamiento en la sonrisa de un niño, buscar soluciones matemáticas en un libro de historia, un simple joven caprichoso es quien plasma su vida en palabras, quien busca el reconocimiento dentro de sí mismo, quien quiere aceptar sus defectos y falencias, sin saber que está vendado y ciego ante el conocimiento de tales cosas, tan simples y complejas a la vez. Yo soy quien se ahoga en un vaso de agua, y le busca la “quinta pata al gato”, quien a pesar de ver todo negro, ve una mancha aún más negra y alega por ella. Ese sería yo desde un punto de vista ilógico.

Más bien nos encontramos con un ser amante de la buena literatura, y a su vez consumidor de la chatarra que va quedando en letras. El personaje público que pueden apreciar, no es más que una cáscara, él es quien pretende impresionar con sus escritos, quien sabe sus objetivos y tiene un rumbo fijo en esta vida. Él es quien ocupa el puesto las 24 horas del día y mantiene prisionero al ser verdadero y honesto. Ahora sólo queda el Miguel exterior, el famoso “Coco”, el tipo que casi siempre da alguna opinión “importante” pero que a nadie le importa. Simplemente va quedando la cáscara, pues, el ser real y de carne y hueso se ha ido perdiendo con el tiempo, escarmentado por la sociedad de las apariencias, ha cedido su lugar al tipo que encaja con el exterior, que simpatiza con medio mundo y sigue estando sólo al mismo tiempo.

Poco a poco, se va desmoronando la fachada, la pintura color piel va quedando atrás y ya no soy solo uno, me encuentro junto a tantos más, me siento parte de la masa, y a su vez a la masa le debo quien soy, nacido y crecido en un mundo globalizado qué más se podía esperar de un niño lleno de ideas, pero carente de voz propia, cual fuera como las olas, se mueve hacia donde sople el viento, hacia donde apunten las personas; la opinión personal de a poco se va perdiendo en el yo y va quedando más en el nosotros, tal vez ni si quiera soy yo, sino que soy quien quieren que yo crea que soy, una especie de robot programado, tal vez con sentimientos suprimidos, emociones compresas en una conciencia llena de sorpresas y subconsciente aún peor. Preso de la gente qué más se puede hacer, el yo que camina por la noches, tan solo debe resignarse a hacerlo como una manera de distinguirse, no por voluntad propia, el yo verdadero es quien busca ser diferente pero a su vez un ser verdadero, una entidad propia, con voz y voto. El Miguel que todos conocen es quien se deja llevar por el grupo, el que no conocen, también, la diferencia está en la percepción de las cosas.

El yo menos falso es el que escribe estas hojas, aunque presionado por la fecha de entrega del escrito, sedimenta las ideas y las carga de ironía como si eso fuese a salvarlo de una mala nota. El yo verdadero es quien intenta salir en estos momentos, quien quieres desconectarse de esta burbuja en la que vive encerrado, y trata de emprender el vuelo hacia la verdad y el pensamiento sin escrúpulos. Es tarea de quien crea conocerme, armar un esquema de este humilde ser que intenta plasmar en letras un mundo soberbio en el que vive o cree vivir; tal vez una reflexión no le hará mal a nadie, a estas alturas de la vida, qué más da impresionarse por lo pasado y lo que no se hizo, por lo que se vivió y lo que se disfrutó realmente. Aquel yo, es quien quiere vivir en armonía, el que se equivoca una y otra vez y disfruta las caídas y las sabe apreciar como una forma de respeto ante el “aprendizaje” que estas producen.

Quien escribe esta reflexión no es más que un ser imperfecto, un tanto genuino y desordenado reprimido, tan solo basta saber eso, el mapa mental lo hace cada uno, yo me conformo con ser menos falso y más amigable, tal vez para terminar la mezcla pondría un tanto de alegría verdadera en cucharadas soperas y espesas, que produzcan un resultado de primer nivel, y si no es así, igual me conformo, pues, ya aprendí a no esperar tanto de los demás, y en este caso, no deberían esperar mucho de mí, o del otro yo tampoco, finalmente son las dos caras de la moneda que me acompañan día a día, son las que realmente hacen la diferencia.

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